La aventura de ser maestro


"La aventura de ser maestro"

Llevo poco tiempo en la docencia, pero puedo decir que es un manjar de emociones. Recuerdo el primer día de clases (Mi primer interinato por jubilación), me presentaron a niños de 4°, estaban ansiosos de conocer a su nueva maestra, cuando llegué al salón los niños se quedaban mirándome fijamente. Días después me dijeron que ellos habían tenido a maestros (Hombres) ya grandes de edad. Que su maestra de preescolar era una viejita muy enojona, y que el maestro que los atendía ya no podía jugar con ellos, porque se lastimaba la espalda y que cierto día se cayó de las escaleras y faltaron varios días a clases. Me preguntaban la edad constantemente y pedían que siempre  jugara con ellos y que nos los dejara.

Tenía a 21 niños y a 12 niñas, el grupo era muy inquieto, en algunos casos la falta de límites hacía que a los niños les costara cumplir las reglas. En cuanto a la resolución de conflictos, siempre he considerado que el dialogo es muy importante, que los niños se deben hacer responsables de sus acciones, y que los padres tienen la función más importante en esta labor. Hablaba constantemente con algunos padres, otros nunca se interesaron siquiera por conocer cómo podían ayudar a sus hijos; siempre he mediado las cosas, comparto la idea del autor cuando cita a Miguel de Unamono “Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir, despertar en los niños ese interés para que piensen y puedan hacer.

En los primeros grados de escolarización será necesario que los padres acompañen a sus hijos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, cuando eso pasa los niños tienen un nivel esperado o bien están en desarrollo, pero cuando en casa no existe la ayuda necesaria, el proceso es más complicado para nosotros y muchas veces es desgastante.

Recuerdo que siempre me he quedado después de la jornada, es raro que salga exactamente a la hora, el tiempo no me alcanza y por lo regular atiendo a algunos papás con el fin de apoyar a sus hijos.
Cierto día una madre de familia se me acercó y me dijo - “Usted es diferente, quizá porque es joven, mi niño siempre viene contento a la escuela, muchas gracias maestra”, esas palabras fueron como un bálsamo, y aun las tengo presentes. Si bien estuve únicamente medio ciclo y más de la mitad del grupo pedía que me quedara con ellos.
Nunca pensé quedarme en una escuela, me gusta andar de aquí para allá, si bien una parte de mí se quedó con ellos, fue una experiencia grata llena de aprendizajes.

La educación es humanista y estamos en el salón para enseñar cosas que sean útiles, cultura, ciencia y valores. Para que al salir de la escuela  hagan uso de ellas; pero más que eso, la aventura de ser maestro tiene que ver con preparar material, organizar una clase, implementar una actividad, jugar con ellos, reírte de las ocurrencias que tienen, llenarte besos y tener los brazos abiertos porque siempre hay quien quiera estar cerca de ti. Porque no sólo compartimos el espacio, sino que también pasamos mucho tiempo con ellos, y es inevitable no sentir ningún afecto.



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